Tal
día como hoy, en 1989, no se levantaron a ver el nuevo día
el equipo de Ignacio
Ellacuria, … pues fueron asesinados.
Como se ha dado a conocer: El día 16 de
noviembre de 1989 seis sacerdotes jesuitas y dos empleadas domésticas fueron
asesinados dentro del campus de la UCA, Los sacerdotes fueron colocados boca
abajo, mientras eran ejecutados. En el patio central se encontraron los cuerpos
de cinco de los religiosos, y en una de las habitaciones se encontraba otro de
ellos. Los cadáveres de la mujer y la niña estaban en otro cuarto anexo. Los
asesinos también incendiaron y saquearon el Centro Monseñor Romero.
Dado mi encuentro
personal con Ignacio Ellacuría en la Biblioteca de La Rábida en Huelva, el
verano de 1987, con el tiempo, y tras visitar La Universidad Centro Americana
(la UCA), fui trabajando en lo que se materializó en junio de 2003 como Tesis
Doctoral, bajo la dirección del profesor Dr. José María Prieto Suárez. En la
defensa de dicha Tesis: La realidad
histórica y la praxis política, objeto de la Filosofía, … entre otras cosas
concluía lo siguiente:
El
actual proceso de globalidad, fruto de una evolución impulsada por el progreso
de la técnica, ha producido la hegemonía indiscutible del Poder. Frente a ese Poder Hegemónico, que prima el dominio de las fuentes de la energía, el consumo
y la guerra; frente a las dictaduras, las tiranías - absolutistas o
fundamentalistas - y las demagogias, suele manifestarse que otro mundo es
posible. ¿Se puede, pues, caminar efectivamente hacia un mundo solidario o
dicho intento lleva al pesimismo?
¿Es
posible encontrar el sentido de la ruta hacia una verdadera Comunidad Humana,
presidida por la Autoritas y no sólo
por el poder o la fuerza? La respuesta no puede darse sino desde la realidad.
Las aportaciones filosóficas de las corrientes vitalistas, que presentan la
voluntad como esencial al ser humano –tal como lo muestra en sus traducciones
recientes la profesora Pilar López de Santamaría, y las
corrientes filosóficas actuales, incluyendo –como lo hace el profesor Javier
Hernández Pacheco- el pensamiento de “la sociedad abierta” de Karl R. Popper o
las distintas teorías de Filosofía social, la Escuela de Francfort y la
Filosofía hermenéutica, son eslabones del pensamiento, para llegar a unos
mínimos de consenso mundial.
El
deber ser, en forma positiva, puede construirse y materializarse captando
primero lo intolerable de la situación actual y teniendo en cuenta la maldad de
la realidad, partiendo de lo que hay y de lo que no debe ser, aportando
procesualmente, pero eficazmente, lo que ha de ser. Consciente de la presencia
del mal y de las limitaciones humanas, esa viene a ser la propuesta de Ignacio
Ellacuría: la necesidad vital, racional e histórica de una Nueva Civilización.
Proponía él un proyecto universalizable, donde hubiera posibilidades de
supervivencia digna y de humanización y realización para todos los seres humanos,
en un mundo global, pero desde la perspectiva de las mayorías populares y de
los pueblos oprimidos, y no desde las minorías privilegiadas, lo que suscitó de
inmediato graves reacciones en contra.
Ese es el gran problema que se plantea hoy en
el devenir de la Humanidad: si hay o no hay en la conciencia colectiva de la
sociedad y en quienes detentan la responsabilidad de los centros de decisión y
poder, y en qué medida, voluntad de justicia y voluntad de verdad, o voluntad
de dominio conforme a intereses particulares o sectarios. Ellacuría, ante esa
duda, afirmó la voluntad de liberación, como lo ha demostrado Héctor Samour en
el estudio del conjunto de su filosofía.
Antes
de terminar quisiera, en la constatación de la realidad, formular unos últimos
agradecimiento y un ruego.
Es
verdad que la realidad, por sí misma y en sí misma, contradice permanentemente
la tendencia o tensión de la propia realidad histórica que, de suyo,
esencialmente, es teleológica y camina hacia una plenitud mayor de todos los
seres humanos, a pesar de los dientes de sierra que se producen en su
evolución. Pues bien, esos dientes de sierra, es decir, los retrocesos y los
estancamientos no impiden constatar sin embargo que nuestro espíritu se mueve
como cuerpo psico-físico que es, como materia animada, como corazón inquieto,
al modo de S. Agustín al final de una etapa histórica de una parte de la
Humanidad. El agradecimiento va dirigido hacia el director de este trabajo, D.
José Mª Prieto que, como buen docente en Historia de la Filosofía, me ha
ayudado a comprender que todas estas novedades expuestas sobre la realidad, la
realidad histórica, la transformación y la liberación, están ya en germen en
algunas obras de autores de antaño. El ruego es simple, tras años y años de desierto
universitario, pero también eclesial y
político: que la Universidad sea de verdad autónoma y universal para que vaya
fraguando, desde ella, la Comunidad Internacional.
Del
proyecto político del socialismo en libertad, mi reconocimiento hacia Ernest Lluch,
sobrino del que fuera cardenal en estas tierras y agudo observador de la
realidad histórica en su vertiente social y económica. También hacia Fernando
Morán, para quien la dignidad de la persona y de la comunidad humana está por
encima de todos los intereses y estrategias al uso, un tanto miopes.
Queda,
como es lógico, el reto de la comunicación, la hermenéutica y la comprensión de
las distintas aportaciones para poder fraguar una nueva consciencia de futuro y
una nueva configuración de la Justicia Internacional y de la Comunidad Humana, con su Poder Legislativo
y Ejecutivo. Pero la confrontación actual de las distintas culturas y
fanatismos no es sino estímulo en dicha tarea, ingente pero humana.
Al
terminar, recordar a los hermanos de Ellacuría, sobre todo a José, que ha
incorporado en su vida la cultura china, y a Juan Antonio y su mujer que
conservaron no sólo libros y escritos sino la misma habitación en la que solía
quedarse Ignacio en Madrid.
Recordar
también a la Fundación Zubiri, en la que sigue viva la persona y la obra de
Ellacuría. Pero nombrar sobre todo al propio Ellacuría en su diálogo y
confidencias: La Teología de la
liberación, decía, implica liberación de
la Teología y la Filosofía de la Liberación,
liberación de la Filosofía. Y, en la parte final de su trabajo sobre “El
objeto de la Filosofía”, concluía diciendo, con un especial sentido de la Trascendencia:
“Se
ha dicho que intramundanamente no ha habido “una” historia propiamente tal hasta tiempos recientes. Hoy
es cada vez más “una”, aunque esta unidad sea estrictamente dialéctica y
enormemente dolorosa para la mayor parte de la humanidad. Hoy se habla de
distintos mundos (un Primer Mundo, un Tercer Mundo, etc.), pero el mundo
histórico es uno, aunque contradictorio. Quizá sólo lograda la unidad del mundo
empírico y de la historia constatable, haya llegado la hora de hacer de esa
única historia el objeto de las diferentes filosofías”.
Cabe
preguntarse, a la vista de las fuentes, si esta propuesta de Ignacio Ellacuría
es una conclusión o si es el final de una introducción, tal como lo parece
indicar Antonio González en la edición de la FRH. En nuestra opinión se trata de una propuesta, fruto de un
largo trabajo, que plantea un nuevo quehacer: no sólo para analizar la realidad
histórica sino para lograr entre todos los seres humanos una nueva praxis
histórica capaz de iniciar una nueva andadura de la Comunidad Humana como
sujeto de la historia.