sábado, 30 de mayo de 2020

LA PLUMA Y LA NUEZ

LA PLUMA Y LA NUEZ,  a modo de relato histórico, está dedicado especialmente a mi nieta Olivia, que durante este curso se encuentra en Berlín, y con quien nos comunicamos en este relativo confinamiento provocado por lo que denominamos el coronavirus 19. La experiencia de vida tiene sus condicionantes y por ello, tal vez, concluyo con una moraleja como si se tratara de un cuento. El breve relato dice así:

     Cuando tu madre te regaló una pluma para escribir vi en tu rostro la alegría y percibí que eras feliz. Tu madre escribe muy bien, mejor que yo. "Coca Cola" le otorgó un premio de relatos cortos cuando era joven. Algo tiene que ver con lo que yo te escribo. Te prometí un cuento y ha salido un relato combinando el reto de la pluma con la experiencia simbólica del amor.
     ¿Por qué la nuez? Cuando se abre la nuez nos encontramos con una comidita muy sana y muy rica... Las nueces que tú conoces son las de la Sierra de Aracena, que tradicionalmente se secan en el pueblo de Los Marines (en Huelva)... Pero yo quiero hablarte también de la "nuez de cola" -que algo tiene que ver con la "Coca Cola"-, la que yo conocí en Cameroun, en el poblado de La Moumé (1968/69) y en la llanura de Santchou (del 72 al 75).

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     Quizás algún día, con tu pluma mágica, escribas tú sobre la importancia de la nuez de cola, sobre sus secretos, y sobre su sentido simbólico del amor. En aquellos tiempos pasados, compartían la nuez de cola la mujer y el hombre que salían de su casa para ir a trabajar al campo, muy temprano, acompañados normalmente por alguien más de la familia. Con esa nuez a modo de corazón compartido, trabajaban todo el día hasta su vuelta a casa, al atardecer, y sólo entonces se preparaba la comida para el conjunto de la familia. Imagínate comer una sola vez al día y mantenerse con la nuez de cola. Es posible que ello te invite a descubrir los secretos de la nuez con la que saborear el sentido de la unión, de la solidaridad en la lucha contra el hambre, y el amor compartido como signo de amistad duradera.
     Por mi parte, como ya te ocurre o podrá ocurrirte, gracias a la pluma o a un simple bolígrafo, guardo recuerdos que moldearon y fortalecieron mi vida. En efecto, el 20 de junio de 1975, con un amigo francés que daba clases de tecnología en el Instituto de Nkongsamba, terminado el curso, salimos en auto-stop hacia Maroua (ciudad situada al norte de Cameroun). Allí, en el mercado, compré yo un par de nueces de cola para el viaje que emprendimos por el desierto. Con muy poca comida y dos barriles de agua envueltos en sendas toallas bien empapadas recorrimos de sur a norte, Níger y Argelia hasta la ciudad de Gardaïa -pasando antes por la zona de El Hoggar y por una ermita en Tamanrasset-.
     Yo ni tenía cámara ni hacía fotos. Entonces no existía el móvil...Pero mi amigo Gerard sí hizo fotos para el recuerdo.
      Una vez llegados a la ciudad de Argel en un camión, descansamos un poco. Gerard volaría a la ciudad de Lyon (en Francia), y yo lo haría un par de días después a Mallorca y de Mallorca a Valencia, donde vendría a buscarme mi hermano Rafa. Con él me tomaría una tortilla de patatas en el aeropuerto. Después, tras compartir con su familia un cachito de nuez de cola que me quedaba, me regalaron un buen bolso de viaje, me acogieron en su piso, y a la mañana siguiente cogí un tren para llegar a casa, en Onteniente, con muchas ganas de ver a mi madre, a mi hermano mayor, y a mi hermana, a quienes di abrazos inolvidables. Y... "colorín colorado" este cuento se ha acabado.

     Moraleja: "Cuida de tu pluma mágica y escribe con amor tu propia vida"


sábado, 16 de mayo de 2020

SOBRE LA POSTMODERNIDAD EN ESTE MOMENTO HISTÓRICO




INTRODUCCIÓN

         En el Foro de comunicación y Debate (FOCODE), desde primeros de mayo 2020, en pleno contexto de la pandemia producida por el denominado coronavirus 19, se ha invitado a repensar que estamos en “tiempos de cambio”. Se ha planteado el tema al hilo de unas reflexiones filosóficas de uno de su Presidente (Antonio Durán Sánchez) que, según mi lectura, invita a tomar conciencia de las limitaciones y las capacidades de la persona humana. El asunto merece ser tratado con detenimiento.
         La “postmodernidad”, frente al pretendido progreso o desarrollo lineal –ahora mismo interrumpido-, nos desvela la interculturalidad o al menos la diversidad cultural en el conjunto de la realidad histórica siempre abierta. Por eso, tal vez,  nos resulta fácil comprender que el mundo interior del sujeto personal o la subjetividad se trataron y se afrontan en las diversas culturas de forma bien diferente. La cosmovisión del Mundo Oriental es otra que la del mundo de la Grecia clásica, la Edad Media o el Renacimiento occidentales. 
         El racionalismo cartesiano es bien distinto y distante del sentir negro-africano del ser familiar-comunitario, a su vez diferente en los dominios del desierto, en Sudáfrica, en la costa occidental y el interior, y en la zona de los grandes lagos, en el Congo o en la parte oriental. Las religiones abrahámicas (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, con sus propias variables) resulta difícil que puedan dialogar a partir de un denominador común. Se intentó un par de años antes de la caída del muro de Berlín y no se logró. La India, China, Rusia y Gran Bretaña o Estados Unidos y Canadá son pueblos bien diferentes entre ellos y al interior de sus Estados. Lo mismo cabe decir de Cuba y Méjico, de Centroamérica y  de América del Sur, o de la cuenca del Mediterráneo, del Oriente Medio y de los países nórdicos de Europa. 
         La pluralidad de contextos en el mundo actualmente globalizado por el poder económico, a pesar de las multinacionales, los medios de comunicación y las denominadas “nuevas tecnologías” y sus monopolios, en un contexto de pandemia como se está viviendo, se ve como realidad compleja y diversa. Ni las pretensiones de universalidad kantiana de su Razón Práctica, y su sentido federalista, ni la subjetividad romántica del siglo XVIII tienen ahora mismo consistencia, salvo en el ámbito individual, si acaso. Incluso la Ciencia flaquea ante la realidad de la Naturaleza. También la Medicina en el ámbito de la Salud. Por eso tal vez, y por causa de confrontaciones políticas y ambiciones de poder, es muy difícil llegar a consensos normativos y buenas prácticas en beneficio del conjunto de la sociedad, aunque lo más urgente sea salvar vidas y hacer frente a las graves adversidades que nos condicionan en la vida actual, tanto en nuestro contexto como en lo global. 
         LA PERSPECTIVA HISPANA  
         En España, en concreto, en la vida social y política, parece que se agranda el “desencanto”, se deterioran las relaciones laborales, políticas y económicas. No obstante, en Europa, se recuerdan como hitos de post-modernidad los movimientos de mayo de 1968 y la caída del muro de Berlín de 1989… ¿Acaso se está produciendo una ruptura cultural, política, social y económica? ¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿Desde dónde? 
         Tal como nos recuerda Antonio Durán, ya Kierkegaard y Unamuno ponían sus reparos a toda idea de sujeto abstracto y desencarnado. Pero serán Nietzsche y luego Heidegger quienes centren sus críticas en la misma idea de sujeto, por  empobrecer la diversidad que contiene la realidad del hombre. Por eso: El pensamiento orientado a lo próximo constituye lo que Nietzsche llama "la filosofía de la mañana". Heidegger, en su Carta sobre el humanismo, señala la crisis humanista tras la segunda guerra mundial, desde el momento en que se toma conciencia de no ser el sujeto el centro del Universo y que lo importante es ser capaz de encontrar una pequeña estancia en la verdad del ser.
         En estos momentos, Antonio Durán parece invitar a una “cura de adelgazamiento”, asume la crisis del humanismo, sin abandonarse ciegamente en la técnica, y da un carácter relativo e histórico a los surcos que el lenguaje ha ido trazando al modo como un campesino, con paso lento, abre los surcos en el campo. Quizás, partiendo de esa percepción, Zubiri hablara de la realidad compleja y dinámica, en vez del ser, y Ellacuría planteara la realidad histórica como realidad abierta desde lo ya hecho hacia lo que deba ser desde la praxis.
         Efectivamente, el ser pierde su carácter de estabilidad, de solidez metafísica, de fuerza o energía, y cobra un sentido más débil en cuanto que vinculado a lo que pasa, lo mortal, lo que se transmite de generación en generación: la tradición cultural que se despliega y se desvanece con las generaciones. Este ser tiene mucho que ver con la nada, con el nacer y perecer. 
         Afirmando la historicidad del animal humano, afirmando la historicidad de la diversidad cultural, afirmando la historicidad de las personas, de las comunidades, de las sociedades y de los pueblos, no podemos sino decir que somos una pequeñísima parte de la Comunidad Humana, en una pequeña casa de nuestro lenguaje, de nuestro saber y entender, y hasta de nuestras ciencias y técnicas, que forman parte de la Casa Común, en el seno de un Universo que nos trasciende sobremanera.
         La subjetividad, pues, el sujeto, el yo, está necesariamente sometido a una cura de adelgazamiento que le permita captar que lo importante de la realidad (el ser), e incluso de la praxis transformadora en el seno de la realidad compleja, dinámica y abierta,  no es sino una relativa andadura hacia el horizonte de lo que nos une solidariamente como personas.   
         LA PREGUNTA CLAVE  
         La pregunta que Antonio Durán nos formula es la siguiente:
“¿Puede tener todo esto alguna relación con las experiencias solidarias que estamos experimentando en estos días de confinamiento?”  
         Personalmente coincido con Federico Mayor Zaragoza, al vislumbrar una nueva era y una nueva forma de vivir. Todo un reto de ayer, de hoy y de mañana que se puede concretar en lo siguiente: 
  1. Transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, mediación, conciliación, alianza y paz. De la fuerza a la palabra. (Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, Asamblea General de las Naciones Unidas, septiembre 1999).  
  2.  Transición de una economía basada en la especulación, deslocalización productiva y guerra -cada día mueren de hambre millares de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4000 millones de dólares- en una economía basada en el conocimiento, en la cooperación y no en la explotación, para la eficaz puesta en práctica de la Agenda 2030 (Objetivos de Desarrollo Sostenible, Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas de noviembre de 2015 "para transformar el mundo" ) y los Acuerdos de París sobre Cambio Climático. Para ello es impostergable reducir los gastos de defensa y aplicar los medios necesarios para la diligente aplicación en todo el planeta de un nuevo concepto de seguridad con las seis prioridades establecidas por las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente, educación a lo largo de toda la vida, y paz.” 
         CONCLUSIÓN
        El momento actual, la experiencia mundial de la pandemia coronavirus 19, invitan a otra forma de existir aquí y ahora, invitan a otra forma de vivir, con la mirada puesta en la dignidad de toda persona y en el conjunto de la Humanidad,  pequeñísima parte del Universo. Nuestra tarea y quehacer actual está en cultivar la solidaridad  y el respeto hacia el Universo, hacia la Naturaleza de la Madre Tierra, y hacia nosotros mismos como personas de igual dignidad, con sentido de un “nosotros” y “nosotras” incluyente, y no excluyente.  



 

domingo, 3 de mayo de 2020

HACIA LA ÉTICA EN LA CASA COMÚN


        Desde el curso de 1981/82, siendo conscientes del lento devenir y evolución de la persona humana, parecía importante incorporar en la dimensión ética de la filosofía el denominado imperativo categórico de Kant, a modo de preámbulo de su “Crítica de la Razón Práctica”: “Obra de tal modo que puedas erigir en Ley Universal tu comportamiento”. ¡Menudo reto!

         Desde las religiones, aunque se haya formado en sus seguidores una conciencia ética hacia el Bien Común,  se ha sido por lo general muy dogmático y han existido guerras de religión que se saltaban  - y se saltan-  las exigencias básicas de una denominada Ley Natural de tres exigencias básicas: “no matarás, no mentirás y no robarás”. Se ha sido demasiado cruel frente a supuestas herejías, disidentes y seguidores de religiones enfrentadas, usando el nombre de Dios en vano. En ese caso, mejor la Ética de respetar la vida y amar la verdad, sin más connotaciones. Una religión que rompe los lazos de “religación” con las demás personas, comunidades o pueblos, en vez de practicar el amor se vuelve desalmada, hasta despreciar la vida del contrario y robar su propia dignidad.

         Por ello, tal vez, previo a cualquier imperativo moral, religioso o ideológico, ya Ortega y Gasset invitaba a conjugar Vida y Razón, para saber a qué atenerse en la vida. Pues a nuestras espaldas está lo que hemos sido, y que quizás en no pocos aspectos pueda actuar negativamente en lo que seamos capaces de ser. Pero ante nosotros está la potencialidad de aprender de lo vivido y proyectar en la realidad histórica las diversas posibilidades de ser, eligiendo la más coherente y humana, venciendo por supuesto las circunstancias adversas.

         Esta perspectiva, desde 1987, completada por la experiencia práctica y desde un talante ético liberador,  ha ido evolucionando hacia un sentido crítico más allá de ideologías al uso y de opciones partidistas, ya fueran individualistas y capitalistas, sociales y comunitarias, o comunistas.

         En el contexto de la sociedad española, desde finales de la Dictadura, de los años de 1970 al 75, hubo un giro en las relaciones entre Religión y Política, acentuándose la posibilidad de la Democracia gracias a la propia sociedad civil en su conjunto. En realidad, mucho antes, el profesor Aranguren había ofrecido un manual de Ética acentuando el sentido ético de la Filosofía, distinguiendo entre Ética y Teología, entre Moral y Religión, con el fin de reforzar la formación de la conciencia y acentuar amor y esperanza junto a las virtudes de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza al enfrentarse la persona y la comunidad con la realidad concreta en su historicidad.       De hecho, el esfuerzo de diálogo –impulsado también en la praxis desde ámbitos universitarios- y el consenso político que culminó con la Constitución de finales de 1978, es decir, con la creación del Estado Social y Democrático de Derecho, logró establecer como valores superiores del ordenamiento jurídico: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Sin embargo, a pesar de garantizarse la libertad ideológica o religiosa en sus manifestaciones, y a pesar de establecerse  que la estructura de los partidos políticos – en cuanto que instrumentos de participación política-  deben de ser democráticos en su estructura interna y su funcionamiento, muy pronto tendencias humanas caciquiles y de ambición de poder dieron lugar a luchas de intereses, enfrentamientos, y conflictos a pesar de andar por el camino del Estado de Bienestar.

         En verdad,  aunque se realizaran muchas transformaciones sociales en salud, educación, vivienda y trabajo, pero también en infraestructuras –algunas con motivo de las celebraciones del año 1992-, ya por entonces se pedía una “regeneración” de talante democrático, ético, racional y social, y de la vida política y económica.

         Ahora, como ya dijera Antonio García Santesmases, en su libro: Ética, Política y Utopía, hay que analizar el momento histórico y preguntarse si la política al uso puede liberarse de sus servidumbres. Concretamente, viendo la realidad de inicios del año 2001, formulaba su pregunta ante: “Un mundo histórico en el que conviven la fuerza de la mundialización económica con la apuesta por la universalidad de los derechos humanos; donde conviven la utopía de los derechos humanos y la realidad de una política sometida a los dictados del mercado. ¿Puede liberarse  la política de una servidumbre tan fuerte?”.

         Nada fácil. En 2010,  aunque el propio Aranguren hubiera fallecido en abril de 1996, se nos ofrecía como libro de cabecera: Ética y Política, cuyo fundamento se remontaba al curso académico 1960/61.

         Ahora, tras las preocupaciones de los inicios del siglo XXI, retomando la dialéctica entre Ética y Política, y tras la crisis económica de 2008, estamos en otro contexto: la incidencia mundial del coronavirus y la pandemia, que tantas personas sufren en sus carnes. Ante tantas muertes, y ante la escasez de medios, instrumentos, infraestructuras y servicios sanitarios y sociales ¿cabe vislumbrar un horizonte de solidaridad  hacia la Ética, con sentido comunitario, más allá de tendencias “crisopatriotas” (de quienes ambicionan el dinero bajo un lenguaje patriótico) y más allá de la “partitocracia” (o partidocracia de oligarquías partidistas)?

         ¿Es posible un nuevo talante ético en el quehacer humano personal e institucional? ¿Puede llegar a ser nuestro comportamiento Ley Universal Humana por medios institucionales de un federalismo constructivo que llegue incluso a la tan pedida refundación de Naciones Unidas?

         No se olvide, como indicara Ignacio Ellacuría en sus aportaciones al encuentro de religiones abrahámicas (en 1987), que la confesión de un único Dios Liberador lleva consigo la confesión de una única Humanidad.

         No se olvide tampoco que, para construir el Estado de Justicia Social, hay que abordar la Ética tanto en el ámbito individual o personal como en el comunitario y social; que la democratización real abarca lo económico, lo social y la política; y que la moralización social tiene que efectuarse por medio de personas y comunidades y por medio de las instituciones.

         Por todo ello, tal vez, tanto Ignacio Ellacuría –desde su Filosofía de la Liberación- como en estos momentos Federico Mayor Zaragoza – desde su experiencia vivida en la UNESCO y desde su objetivo de educar para la paz- postulan la urgente necesidad de refundar Naciones Unidas, con el fin de combatir las realidades estructuralmente injustas, la insolidaridad entre riqueza y pobreza, y todo tipo de desigualdades contrarias a la Carta Universal de los Derechos Humanos.

         La tarea no es nada fácil, no obstante la experiencia mundial de sufrir una pandemia en estos momentos históricos de tantas contradicciones, logrando agudizar la conciencia de la solidaridad frente al egoísmo, está ofreciendo la oportunidad de impulsar un renovado sentido de Comunidad Humana, capaz de vivir en paz, en libertad e igualdad, en solidaridad y justicia, y en sintonía con la Casa Común que es nuestra Madre Tierra.

lunes, 27 de abril de 2020

ACCIÓN Y ESPERANZA ANTE SITUACIONES ADVERSAS


          Desde 1968, quizás fruto de aquella Constitución Gaudium et Spes, de diciembre de 1965, aprendí en mi experiencia por tierras negro-africanas, que las tristezas y las angustias, sobre todo de los más pobres y de cuantos sufren, había que afrontarlas desde la esperanza.
         Hoy, se acentúan esperanzas y temores, e incluso contradicciones entre libertad y esclavitudes sociales o psicológicas, que cuestionan la actual evolución del mundo y plantean interrogantes sobre desafíos ineludibles.

         Junto a cambios profundos científico-técnicos e informáticos o telemáticos, cambios sociales y de comunicación, la propia historia sigue un curso acelerado en su acontecer diario, cada vez más universal, en su "orden" y desorden global o mundial, que muestra a las claras lo estructuralmente injusto y los desequilibrios y desigualdades.

         De hecho, la pandemia del coronavirus 19, está poniendo en alerta al conjunto de la Comunidad Humana desde principios del año 2020. Antes de finalizar el mes de abril, de este año, ya se contabilizan más de tres millones de contagios y más de doscientos mil fallecidos por dicho contagio. España en concreto, a fecha 25 de abril, se aproximaba a la cifra de 224.000 casos y de 23.000 fallecidos.

         La principal alegría y el mayor gozo del mundo debe ser ahora mismo acabar con la pandemia y que no haya más afectados. Ello implica una praxis comprometida, una disciplina, una colaboración y un especial sentido de responsabilidad. Ahora bien, de inmediato, cabe decir también que esta experiencia debe de servir para plantear en el conjunto de la Comunidad Humana los distintos tipos de virus y de pandemias que existen y que, junto a manipulaciones, corrupciones y pretensiones de poder económico y político desmedido, ocasionan tantas y tantas desigualdades, miserias, sufrimientos, angustias y tristezas en la gran mayoría de la población mundial.

         Sin duda, ha llegado el momento de retomar con esperanza, desde la cruda experiencia, la exigencia ética y jurídica de la dignidad humana, de la dignidad de la familia, de la dignidad de las comunidades y de los distintos pueblos del mundo; ha llegado el momento de retomar derechos fundamentales que puedan garantizar el bienestar social; ha llegado el momento de la paz frente a la carrera de armamentos y frente a los distintos modos de terrorismo; ha llegado el momento de la salud, de la educación, del progreso cultural y del desarrollo de la investigación científica, además del desarrollo integral de toda persona y de toda sociedad.
          Ante las situaciones adversas, acción transformadora y esperanza son exigencias del ayer, del hoy y del mañana. Como dijera Ortega y Gasset, nuestro quehacer para ser sí mismos (para ser humanos) es vencer las circunstancias adversas. El quehacer es una exigencia personal, comunitaria y global o mundial. Urge refundar de una vez por todas Naciones Unidas.

lunes, 20 de abril de 2020

VIEJOS Y NUEVOS VIRUS, Y NUEVA CIUDADANÍA


          Desde que venimos reflexionando sobre la realidad de la pandemia actual, causada por el coronavirus (COVID-19), aunque miremos con esperanza hacia nuevas energías en el seno de la Comunidad Humana, siempre reaparecen obstáculos, confrontaciones, y carencias de Justicia e Igualdad, que dificultan o impiden la libertad en toda persona humana, sin distinción de género, clase o condición. Por ello, viene como "anillo al dedo" el artículo que nos remite el profesor jubilado como geógrafo, Juan Francisco Ojeda, que nos transmite su vivencia del modo siguiente:
NO EXISTE LIBERTAD SIN JUSTICIA E IGUALDAD 

          En estos días de confinamiento responsable y obligada introspección, estoy recibiendo continuas reflexiones y relatos de amigos que me interpelan y, a veces, comparto. Tal esfuerzo por compartir o matizar posiciones me conduce inexorablemente a buscar las raíces de mis convicciones.

          Mi vida y las de muchos que hemos recorrido gran parte de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, están marcadas por un virus que se ha encarnado sustancialmente en nuestras personas, conformándolas como tal e hiriéndolas y enorgulleciéndolas, a la vez. No se trata de una pandemia, como el dichoso coronavirurs, sino de un virus muy selectivo y casi exclusivamente transmisible entre los que conformamos los estamentos o clases medias: aquellos que hemos tenido la suerte o capacidad de poder filosofar y de poder valorar la cultura o el disfrute como dones gratuitos. Y, con ello, podemos contar con la libertad que nos otorgan tanto el tener resuelto nuestro “primum vívere” como el  no preocuparnos por guardar porque vivimos al día y no somos objetivos prioritarios de ladrón alguno.

          Ese virus, inquietante y maravilloso a la vez, se llama preocupación o compasión con los pobres. Yo creo que, en el entorno español de muchos de mi generación, tal virus es inoculado primeramente por el evangelio y sus atractivas parábolas y relatos compasivos: rico epulón, hijo pródigo, bienaventuranzas, magdalena, buen ladrón…. Y se va desarrollando y mutando con lecturas sociopolíticas y filosóficas explicativas de la pobreza y reivindicativas de una necesaria justicia distributiva en un mundo cada día más injusto.

          Ahora bien, dependerá de que en cada persona o grupo se acentúe la raíz religiosa o la fuente ideológica para que aquel primario virus de la compasión con los pobres se reafirme como un caritativo y analgésico “bálsamo reparador” o mute y se radicalice hacia un compromiso activo con la “lucha por la igualdad”.

         Cuando terminamos creyéndonos que una pandemia como el coronavirus parece estar rompiendo los moldes clasistas y admitimos tópicos como el que sostiene que los más pobres entre los pobres están naturalmente más vacunados ante cualquier virus, aliviamos el efecto de nuestra primera compasión, que –por ejemplo- no puede soportar, en el actual contexto andaluz,  la infamia de los campos chabolistas de inmigrantes en Huelva y Almería. Y entonces, acudimos a la caridad o aplaudimos las subvenciones y parches oficiales, entendiendo que pueden tener su coyuntural y urgente virtualidad, aunque los del “bálsamo reparador” quizás sostengan que esas son las únicas y posibles soluciones estructurales en un mundo que consideran injusto por naturaleza.

          De hecho, el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía de 15 de abril, publica el Decreto-Ley 9/2020, en el que se establecen medidas urgentes en el ámbito económico y social como consecuencia de la situación ocasionada por el coronavirus (COVID-19), presupuestando, en su capítulo I, 50 millones de € para personas trabajadoras por cuenta propia o autónomas afectadas en el conjunto regional y, en el capítulo II, se reparten  2.297.160 € entre distintos Ayuntamientos de las provincias de Almería y Huelva, para responder a las necesidades de sus asentamientos chabolistas. Ojalá estas cantidades puedan conseguir aliviar momentáneamente  los abastecimientos básicos de agua, energía y servicios en tales asentamientos, que acogen a millares de personas.

          Pero para quienes hemos apostado y nos comprometemos con la lucha por la igualdad no puede ser esta la meta de nuestra carrera, aunque pueda constituirse en meta de avituallamiento en unos momentos concretos y urgentes. Porque nosotros estamos obligados a denunciar que estas soluciones caritativas y analgésicas sólo tienen una función coyuntural y pueden opacar la dignidad de las personas. Tenemos que dejar claro ante todos nuestros conciudadanos que los inmigrantes subvencionados de Níjar, Vicar, El Ejido, Roquetas, Antas y Cuevas de Almanzora o Lepe, Palos, Moguer, Huelva y Lucena, son personas pobres que, en el actual contexto de confinamiento responsable para todo ciudadano e imposible para ellos, constituyen el mayor contingente de trabajadores de nuestros campos más productivos y emergentes.

          Y estos jornaleros pobres no nos solicitan sustancialmente caridades o subvenciones, aunque es verdad que no todos están trabajando todavía y, consecuentemente, los envíos de alimentos y los comedores sociales resultan necesarios y bien recibidos. Pero muchos de ellos no han dejado de trabajar y, por tanto, siguen cobrando sus exiguos jornales. En definitiva, estos nuevos ciudadanos, empadronados o no en sus municipios de residencia, están pidiéndonos a voces un cambio radical de actitud, que vaya más allá del mero acogimiento vergonzante y caritativo y apunte a la promoción permanente del diálogo y el encuentro entre iguales. ¿O acaso seguimos pensando que, en el fondo, no son iguales que nosotros? 

          Con todo mi coraje y respondiendo a las exigencias de aquel virus de la compasión, que me inoculó el relato evangélico y se me mutó en compromiso de lucha radical contra la pobreza, me solidarizo con la lucha concreta y arriesgada de estos ciudadanos inmigrantes, a quienes acompañé en su manifestación tras el incendio del asentamiento lepero en fechas prenavideñas y a quienes ahora apoyo y ofrezco mis posibles ayudas, tras el reciente incendio de otras cien chabolas en los campos de Palos, el  pasado 14 de abril.

          En aquella manifestación de Lepe aplaudíamos y nos uníamos a sus gritos, que serían los mismos si ahora pudiesen manifestarse en Palos: ¡No más chabolas! ¡Queremos casas y, con ellas, agua y servicios básicos! No nos regaléis nada, alquilarnos las casas que tenéis vacías, porque podemos pagarlas.  Y sus mujeres terminaban uniéndose así al alegato: …y las limpiaremos con esmero. Por favor, fiaros de nosotras.

          Aquella compasión primera no puede hacernos dudar de nuestra capacidad de lucha por la transformación real y efectiva de este nuestro mundo injusto, racista y discriminatorio, aunque híbrido y mezclado. Para que dicha transformación se vaya produciendo, no basta con reconocer la importancia de la inserción socio-laboral de los inmigrados, sino que tenemos que seguir luchando por vías claras e inequívocas hacia la integración, la interculturalidad y la transculturalidad. Hay que desarrollar programas políticos, sindicales y educativos que vayan conduciendo a nuestras emergentes, pero ensimismadas y adormecidas poblaciones, a reconocer que toda esta nueva ciudadanía inmigrada no sólo aporta trabajo duro y riquezas materiales contables, sino que también puede ofrecer diversidad de estrategias vitales y  generar la gran riqueza cultural de la mezcla.

          Salud, suerte, lucha solidaria y abrazos a quienes peleáis cotidianamente en estas trincheras, encuadrados en distintas asociaciones y ONGs, o desde un activismo personal, comprometido e intransferible.

En Sevilla a 19 de abril de 2020

Juan F. Ojeda Rivera. Profesor jubilado de Geografía y secretario ejecutivo de IESMALÁ (Instituto de Estudios Sociales del Mediterráneo, África y Latinoamérica) (www.iesmala.org)

viernes, 10 de abril de 2020

EN DEFENSA DE LA DIGNIDAD HUMANA

          En defensa y garantía de la dignidad humana, y en relación con personas inmigrantes y su situación inhumana en la que se encuentran por estas tierras, he recibido un correo pidiendo se difunda la nota que se transcribe. Su lectura debería recordarnos la exigencia de ser un referente de diálogo, interculturalidad y "transculturalidad" dada la realidad heterogénea y dinámica de nuestra historia, vista desde Andalucía.
          El texto dice así: 

          "Ayer, 9 de abril, la Red Agua Pública lanzó esta nota, pidiendo la máxima difusión de la misma en listas de correo y redes sociales. Ver abajo enlace a pagina web.
  • La Red Agua Pública (RAP) denuncia las condiciones de hacinamiento e insalubridad imperantes en los asentamientos informales de varios territorios como Huelva, Sevilla, Madrid, Almería o Murcia donde no se garantiza la vida digna, la higiene y la salud, conculcándose los derechos humanos al agua y al saneamiento.
  • La RAP apoya la denuncia de la Mesa Social del Agua de Andalucía sobre las condiciones de vida en los asentamientos de trabajadores de los invernaderos de Huelva, donde malviven cerca de 5.000 personas, que pueden convertirse en sitios vulnerables para la propagación del coronavirus.
  • Ante la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, ahora más que nunca, es urgente poner en marcha las medidas necesarias para garantizar el acceso al agua y al saneamiento en los asentamientos precarios, chabolistas e infraviviendas."

          Ánimo, y a seguir en nuestro quehacer de defender y tratar de garantizar la dignidad de toda persona humana sin discriminación alguna.
          No vendrían mal, en el confinamiento derivado de la pandemia, releer el sugerente libro de Thomas Moro: Utopía, que se remonta a 1515, y el más próximo a nosotros de Fernando Díaz-Plaja: Los españoles y los siete pecados capitales, de 1966, cuyos vicios de soberbia y avaricia..., ira y envidia, bien se podrían aplicar a este mundo global dominado por el mercantilismo y la ambición de poder. 
          ¿Podremos forjar, desde la propuesta de amor fraterno de ayer, una Comunidad Humana de solidaridad y justicia?

domingo, 29 de marzo de 2020

ANTE LA SITUACIÓN DE LEPE EN HUELVA

       Ante el Estado de Alarma que vivimos con motivo de la pandemia provocada por la introducción del coronavirus en España, nos vemos en un momento crucial de solidaridad y de cambio para asumir los valores superiores de la convivencia. Desde Sevilla, por nuestra vinculación con Huelva -aunque allí no hay datos demasiado alarmantes-, nos preocupa el que en asentamientos de personas inmigrantes -por ejemplo en Lepe- se carezca de necesidades básicas de agua potable, hábitat, duchas, comida e higiene.
          Quizás por haber recibido una serie de noticias e informes concretos sobre lo antedicho, Asunción Sánchez, desde casa, dada su sensibilidad como enfermera, y en familiar intercambio, ha enviado a "Huelva Buenas Noticias", la carta que a continuación transcribo lo más fielmente posible y que dice así: 

          "Desearía poder compartir una "buena noticia" de Huelva que pueda ser realidad muy pronto.
          Siento vergüenza de mi provincia cuando veo en TV o escucho a personas que, como inmigrantes, sufren exclusión social, por falta de vivienda, agua o higiene. Hoy, Portugal nos da una lección regularizando la situación de las personas inmigrantes. ¿Qué hacemos nosotros?
          A pesar del esfuerzo y de los servicios de las ONGs, y de proyectos presentados como los de FECONS a distintas Administraciones Públicas e Instituciones y Empresariado, qué raquíticas son las respuestas.
          ¡Qué vergüenza, Huelva!
          Por muchas romerías y medallas que tengamos, la calidad humana resulta escasa cuando no se combaten situaciones estructuralmente injustas ni se apuesta decididamente por la inclusión social de las personas inmigrantes y en defensa de sus aportes a la sociedad como trabajadores del campo y prestadores de servicios.
          En consecuencia, quisiera ver en ese periódico una "BUENA NOTICIA" en pro de la dignidad humana de toda persona frente a toda injusticia social. Se trata de Derechos Humanos.
          ¡Gracias!"

          La llamada que se nos formula no solamente es preventiva sino que mira hacia el mañana, tras la experiencia de esta pandemia que venimos sufriendo. No basta con las ciento cincuenta o doscientas comidas que den en el Comedor Social de Lepe, la unión de FECONS, el Banco de Alimentos y Cáritas o Cruz Roja. No, no basta. Se trata de la dignidad humana, se trata de los valores superiores de la igualdad, la libertad, la justicia, ... y la solidaridad de toda la Comunidad Humana. Esa es la mirada del hoy hacia el mañana.