domingo, 8 de noviembre de 2020

EXIGENCIA POLÍTICA: RECONSTRUIR LA SOLIDARIDAD

Los objetivos del programa de Joe Biden, con el que se presentó a las elecciones para ser Presidente de los EEUU, aborda temas importantes para toda comunidad, pueblo o nación, en estos momentos históricos un tanto convulsos y especiales.

En efecto, hacer frente a la pandemia del coronavirus, fortalecer la economía reconstruyendo la capacidad de las clases medias, garantizar la Salud universal, retomar relaciones internacionales abiertas, asumir el desafío medioambiental presente y futuro, garantizar la Educación a todos los niveles; fortalecer relaciones internacionales y alianzas democráticas, controlar la fabricación y venta de armas, eliminar las prácticas inhumanas respecto a la inmigración y a la violación de derechos humanos; y promover la Justicia que conjugue libertad e igualdad, mirando claramente por el servicio al Bien Común, son todos ellos objetivos a lograr en un esperanzador programa de reconstrucción solidaria. No obstante, viene a la mente hispana el realismo de Cervantes para no caer en el error de que hubo o hay caballeros andantes en el mundo.

Dice el refrán que "del dicho al hecho hay un buen trecho", pero también acostumbramos a decir que "mientras hay vida hay esperanza". Esa era la confianza del Quijote al expresar que "mientras más fuere entrando en edad Sancho, con la experiencia que dan los años, estará más idóneo y más hábil para ser gobernador..." (Ver cap.III, de la segunda parte). Esa es nuestra esperanza en la reconstrucción solidaria de la Comunidad Humana.

Hay que seguir entrando en edad con sentido de la Historia.

Desde las realidades de la España actual, su gobernanza, sus objetivos y sus relaciones internacionales -desde el contexto europeo- y el sentido heredado de la historia, convendría releer  no sólo la referencia antedicha de Don Quijote de la Mancha sino el capítulo final de la obra de Cervantes: "De cómo Don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte" (cap. LXXIV de la segunda parte). 

En cuanto al gobierno de esta "ínsula prometida", vista la celeridad en la práctica del mando y los deseos de ejercer el poder sin más ni más, convendría también prestar atención al Catón de los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza (ver cap. XLII de la segunda parte), con el fin de hacer valer la equidad y evitar la "ley del encaje".

Urge reconstruir la solidaridad, que conjugue igualdad y libertad, tanto en los ámbitos locales como en los internacionales.

domingo, 1 de noviembre de 2020

NO A LAS TENSIONES POLÍTICAS QUE LLEVEN AL CAOS

Frente a las tendencias de confrontaciones y caos, necesitamos un sentido común que mire, ante todo y sobre todo, por la salud y el bienestar del conjunto de la comunidad.

Vista la Política como la actividad de las personas que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la Sociedad –en su dimensión local o global- y al conjunto de un Pueblo, País, Nación o Estado, parece que se requiere, en definitiva, de un alto grado de sagacidad –para comprender la realidad de las cosas y sus implicaciones-, y de una gran capacidad de diálogo para lograr pactar y acordar aquello que sea beneficioso para el interés general, clásicamente considerado como el Bien Común.

No debe perderse de vista, en ningún momento, y menos en estos momentos de pandemia y especial preocupación por la Salud, la Educación y el Civismo, que la Política es una Ciencia que no sólo trata del gobierno o de las formas de gobierno sino de la propia organización de las sociedades humanas, de las instituciones al servicio de ellas, y de la configuración de Estados, Federación y Confederación de Estados, en el seno de la Gran Comunidad Humana. Tratemos, pues, de construir y no de destruir.

Procuremos, en definitiva, sumar voluntades renunciando a egocentrismos de individualismos soberbios que desprecian o minusvaloran las necesidades básicas y de plena realización del conjunto de la sociedad.

Por todo ello: ¡No a lo destructivo! ¡Sí a lo constructivo!

viernes, 2 de octubre de 2020

PRO CONVIVENCIA DEMOCRÁTICA

Si deseamos, de verdad, la Justicia, la Libertad y la seguridad, así como el Bien Común o el Interés General, tendremos que esforzarnos toda la ciudadanía española en garantizar la convivencia democrática, consolidar y no resquebrajar el Estado de Derecho, promover el progreso integral de la cultura y la economía, defender los derechos humanos de toda persona y pueblo; y colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra. ¡Menudas exigencias! Pues eso es lo que firmamos en el “Preámbulo” de la Constitución Española, de 6 de diciembre de 1978, que muy pronto va a cumplir los 42 años.

¿Qué valores defendemos de entonces y de forma más actual? Pues la dignidad humana, la libertad, la igualdad, la solidaridad, el pluralismo político de la ciudadanía, y la justicia; es decir, el sentido democrático social y personalizado. Pero…, ¿Tienen de hecho los partidos políticos, los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales una estructura interna y un funcionamiento democráticos?

 Sin duda alguna el sistema democrático puede mejorarse y debe profundizarse de forma continua. Hoy en día, desde Europa, pero siempre abiertos al conjunto del Mundo, como Casa Común, necesitamos también de mucho diálogo y del sentido de la interculturalidad, ya que la “transculturalidad” es una realidad dinámica de nuestro momento histórico abierto al futuro.

¿Qué corresponde a los Poderes Públicos? Pues… promover las condiciones para que la libertad y la igualdad de las personas y grupos -en las que el ser humano se integra- sean reales y efectivas; es más, los poderes públicos, en vez de estar a la defensiva o discutiendo y desplegando marketing, para facilitar la participación de la ciudadanía y de toda persona en la vida cultural, social, política y económica, tienen incluso que remover los obstáculos que impidan o dificulten dicha plenitud democrática.

A estas alturas, dada nuestra mayoría de edad, desde una opción socialdemócrata, no cabe sino ser pro convivencia y bienestar democráticos, en todos los ámbitos y niveles de la vida humana, social, económica, política, cultural; local y global. La provocación destructiva no lleva sino al caos. Es necesario y urgente construir y no destruir.

domingo, 13 de septiembre de 2020

EL NIETO Y EL BAOBAB

A primeros de Agosto de este año, especialmente loco, le llegó al abuelo una foto de un baobab pequeño. Estamos en el bisiesto 2020 y en contextos propios de Mali y España. El abuelo contempla y contempla la foto: cerca de los cimientos de una casa -proyecto de familia afrohispana- el nieto, junto a dos hombres fuertes y grandes, observa con sus ojitos negros cómo se trasplanta al pequeño baobab, que ya medía un metro y medio. El nieto, que todavía no tenía los tres años y que medía un pelín más de un metro, parecía querer asemejarse a ese prometedor árbol simbólico cual botella de agua, lleno de vitalidad y ramitas de verde esperanza.

El día 10 del mencionado mes, el proyecto de la casa y aquel dinámico baobab allá quedaron, en la ciudad de Bamako. La familia afrohispana, como tenía previsto en cuanto se abrieran las fronteras, cerradas por causa del andariego corona virus 19, vino a su Sevilla -donde había nacido el nieto y también su hermana mayor-. De hecho tenían previsto iniciar el curso escolar por los lares del Guadalquivir, compartiendo junto al amor de la madre y su padre, el afecto y cariño de la abuela y el abuelo. En su casa, les esperaban sus juguetes y cuadernos..., las bicis, cochecitos y muñequitas, y el reto de crecer y ser ellos mismos como lo es el baobab, aunque hijos de dos continentes.

     En ratos libres, el abuelo dibujaba con la nieta y el nieto la mano, indicando los dedos: la dignidad (el pulgar), la libertad, la igualdad, la solidaridad y la ciudadanía (el meñique). Decía que eso era la mano de la justicia. Nieta y nieto le hacían muchas preguntas tratando de entender algo extraño...Al final, el nieto dijo: "Abuelo, quiero hablar; yo quiero hacerme grande y crecer como un baobab". Con lo que el abuelo, satisfecho, concluyó para sus adentros: "colorín colorado esta especie de cuento o relato filosófico se da por terminado.

¡Buen modo de celebrar la vuelta al Cole." El baobab, como símbolo de paz y de sabiduría, esparce en estos momentos -de grandes dificultades- semillas de tolerancia, igualdad y trabajo, amor y libertad; convivencia, salud, justicia, respeto, y solidaridad. "Amin, Amén". Ese es nuestro deseo frente a tanta realidad adversa y frente a las injusticias estructuralmente establecidas.

miércoles, 26 de agosto de 2020

¿HACIA DÓNDE CAMINAR?

          Hacia dónde caminar en momentos de incertidumbre pone de manifiesto que no sólo somos muchedumbre. Como dijera Ortega, en el "Apéndice. Dinámica del tiempo" (de su libro La rebelión de las masas): "El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual", implica la coincidencia de deseos, de ideas, de modo de ser en las personas individuales que la integran. Sin embargo, distinto del gran vehículo - de carril laxo -, existe el "pequeño vehículo" o "camino menor" - de mayores exigencias-. ¿Qué camino estamos tomando?
          Cuando en 1976, Ramón Tamames se preguntaba: ¿A dónde vas España? apostaba sin duda por "el nuevo marco institucional", con exigencias de planificación, reforma fiscal, garantías de seguridad social, reforma educativa, innovación, política en Ciencia y Tecnología, y nuevas relaciones económicas internacionales tanto en el escenario mundial como en la compleja realidad de la Unión Europea (UE). Entonces, en aquellos momentos, la coyuntura histórica era vital; también ahora en estos momentos de finales de agosto de 2020, a las puertas de un nuevo curso muy singular.
          En realidad, como decía Ortega hablando del pueblo inglés, las virtudes de un pueblo como las de una persona, van montadas y, en cierta manera, consolidadas sobre sus defectos y limitaciones. El "carácter nacional", como todo lo humano, no es un don innato, sino una fabricación. "El carácter nacional se va haciendo y deshaciendo en la historia. Pese esta vez a la etimología, la nación no nace, sino que se hace. Es una empresa que sale bien o mal, que se inicia tras un periodo de ensayos, que se desarrolla, que se corrige, que "pierde el hilo" una o varias veces, y tiene que volver a empezar o, al menos, reanudar."
          Ahí estamos. Somos seres en el tiempo, y la historia no es lo hecho sino realidad compleja, dinámica y abierta. Nuestra responsabilidad en España, en la UE, y en la Comunidad Humana, es procurar aportar lo mejor de nosotros mismos en este momento histórico, tratando de vislumbrar lo que deba ser la convivencia de las personas humanas.
          En 1978 se pensaba que la existencia de un Parlamento Europeo, elegido por sufragio universal, significaría el embrión de un Gobierno Federal e implicaría el abandono de una serie de prejuicios nacionalistas negativos, así como una mayor preocupación por los problemas generales de Europa y del conjunto de la Comunidad Humana. Sin embargo, ahora, en 2020, dejando ya en la lejanía la "caída del muro de Berlín" (en 1989), y los avatares más recientes del "brexit británico" (de 2016)... ¿Hacia dónde va la UE? ¿Podrá fortalecer su dimensión social y política?
          Si somos conscientes de la complejidad y el dinamismo de la realidad histórica, seguiremos conjugando pluralidad y unidad al servicio de la Comunidad Humana del planeta Tierra, que es Casa Común de toda persona, de toda familia, y de todo pueblo o nación. 
        El crecimiento económico, el desarrollo, los avances tecnológicos y el sentido cosmopolita demandan un mayor grado de conciencia sobre lo que denominamos los "valores superiores", los "derechos humanos", y los "derechos fundamentales". Este y Oeste, Norte y Sur, son constructos y realidades distintas de una unidad común del planeta Tierra, minúscula parte del Universo.

viernes, 31 de julio de 2020

GUARDAR EN EL CORAZÓN EL TESORO DE LA VIDA

          A las abuelas y a los abuelos, a las titas y titos abuelos, siendo pequeños, se les contaban no sólo cuentos sino relatos y creencias, pero también parábolas evangélicas: el sembrador que fue a sembrar por tierras propicias y no propicias, el trigo y la cizaña que crecen juntos, o el tesoro escondido, la perla preciosa, etc. Por ello, tal vez, me animo a contar un cuento dedicado a mi nieto grande:
EL TESORO DE LA VIDA

           Hubo un tiempo lejano, muy lejano, en el que un joven rey, para gobernar bien a su pueblo, quería y pedía tener un corazón inteligente capaz de distinguir el bien del mal y así ser justo. Sabemos lo difícil que es alcanzar la sabiduria, distinguir lo justo, y hasta saber sobre el misterio de la vida, como fruto y tesoro del amor.
          Pues bien, ocurrió que el joven rey -que en aquel entonces denominaban Salomón- tuvo que enfrentarse a ser juez de un caso muy singular. Algo parecido a lo que hoy podría ocurrir por compartir tienda de campaña dos mujeres que trabajan en el campo agrícola. Una de ellas, que había perdido a su niño, se empeñaba en reclamar que el hijo de la otra mujer era suyo, aprovechando que el padre de la criatura, el marido de la verdadera madre, estaba de viaje. Con ese fin, llegaron con su problema hasta el mismo rey.
          El rey, ante las dos mujeres en disputa, dijo que la solución estaba en quedarse él con el niño. La que defendía ser madre del niño, dijo: "pues vale"... La otra, la madre de verdad, pidió al rey que le dejara al menos poder cuidar el tesoro de su vida -aunque sólo fuera a trabajar al campo unas horas- y que se lo devolviera en cuanto regresara su marido. El rey, que buscaba ser justo, lo tuvo muy claro. Mujer, le dijo, tú eres su madre; tú tienes lo que yo quiero para gobernar de forma equitativa; tú tienes un corazón inteligente; cuida tú de ese tesoro del amor, que es un tesoro de la vida.
         Con el tiempo, el niño cuidado con el amor de la madre, y dialogando también con su padre, fue tomando conciencia de la importancia del amor y de la vida. Lo vivió especialmente cuando tuvo una hermanita, a la que también él cogió entre sus brazos, con mucho cariño.
          El niño, a partir de los diez años, aunque le gustaba jugar mucho y hasta guerrear con los demás y con su hermanita; aunque le gustaba comprar juguetes y guardar dinerito en su hucha; aunque disfrutaba con amigos y compañeros de su edad, fue comprendiendo que el tesoro más preciado era el tesoro de la vida. Por eso, tal vez, en su interior se esforzaba por lograr, además de una inteligencia matemática y estratégica, un corazón de amor inteligente, capaz de descubrir el don del amor y de la vida.

          ¿No es ese, acaso, el deseo de las personas ya mayores?
         

lunes, 13 de julio de 2020

¿QUÉ HACER AHORA?


     “Cada uno ha de buscarse su propia respuesta”; así concluye Fernando Jáuregui su libro, sobre el sistema democrático español,   La ruptura. La revolución en marcha que no supimos ver (Almuzara, Córdoba, 2020): “con la crisis del coronavirus se han acelerado… tendencias imparables que estaban ahí”.
     Mi campo no es el periodismo sino la Cultura Política y la Filosofía del Derecho. Por ello, tal vez, me gustaría retomar la reflexión de Federico Mayor Zaragoza sobre cuatro propuestas para un contrato social “comunitarista”.     En realidad, ¿es probable que haya llegado el momento de la ciudadanía mundial, de la convivencia sin fronteras, y el momento de compartir bienes, conocimientos y experiencia…? No perdemos la esperanza, a pesar de la distopía y las injusticias estructurales al uso.

Dice Mayor Zaragoza:

“He releído los "cuatro contratos" que propuse en el libro Un mundo nuevo, publicado en el año 2000 cuando terminaba mis funciones como Director General de la UNESCO… Tenía entonces, como tengo ahora, la seguridad de que se iniciaría, con el siglo y el milenio, una nueva era en que la humanidad –todos los seres humanos y no sólo unos cuantos privilegiados- podría vivir plenamente el misterio de la existencia humana, capaz de crear, de pensar, de compartir, de anticiparse.” 

Los cuatro contratos que  se proponían para un mundo nuevo eran los siguientes: 

1.     Un nuevo contrato social. Incluía las tendencias en la población, la pobreza y la marginación; cambiar la ciudad, cambiar de forma de vivir; el porvenir de los transportes urbanos; la lucha contra el consumo de drogas y el narcotráfico;... Los objetivos eran la paz y la justicia, ingredientes indispensables para un desarrollo sostenible que asegure la igual dignidad de todos los seres humanos. 

2.     Nuevo contrato natural. Abordaba los temas propios de la calidad del medio ambiente; ciencia; desarrollo sostenible; desertificación; las fuentes de alimentación y energéticas; ... de tal manera que fuera posible la sustitución de una economía basada en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra por una economía basada en un desarrollo que garantizara la habitabilidad de la Tierra a las generaciones venideras. El compromiso intergeneracional es uno de los ejes que debe guiar nuestro comportamiento cotidiano. 

3.     Nuevo contrato cultural: de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento. Abordaba la revolución de las nuevas tecnologías; el futuro del libro y la lectura; el valor patrimonial mundial de las lenguas y la educación en el horizonte del año 2020...  Quede claro que se trata de contribuir a la formación de ciudadanos que actúen en virtud de sus propias reflexiones, que sean "libres y responsables", como se refiere a las personas educadas el artículo 1º de la Constitución de la UNESCO. 

4.     Nuevo contrato ético. Dentro de este capítulo junto a los "dividendos de la paz", la seguridad planetaria y el Sistema de las Naciones Unidas, se trataba también de una manera especial la deuda contraída durante siglos con la raza negra, de las especiales necesidades de África, que siempre compensa con su sabiduría y creatividad los intercambios que puedan efectuarse para su desarrollo socioeconómico y plena emancipación. Este importantísimo capítulo concluye –lo que es esencial destacar- que el por-venir está por-hacer, que se requiere con urgencia la transición desde una cultura secular de imposición, violencia y guerra a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz.  

Al final de cada capítulo se proponían soluciones concretas, basadas en la movilización popular, en la implicación personal, en expresarse libremente, en dejar de ser súbdito para "dirigir la propia vida"...  

     No cabe duda de que las expectativas no sólo no se han cumplido sino que la consecución de algunas es incluso más difícil que entonces.  
     ¿La solución?  "La crisis actual demanda la urgente refundación de un Sistema de Naciones Unidas fuerte y con la autoridad moral que sólo poseen aquellas instituciones capaces de reunir a todos los países del mundo sin exclusión. Las ambiciones hegemónicas que condujeron a pretender gobernar el mundo desde agrupaciones plutocráticas de 6, 7, 8 o 20 países, deben dar ahora paso, como respuesta al clamor mundial que sin duda se producirá en poco tiempo, a la cooperación multilateral. Una nueva Asamblea General y unos nuevos Consejos de Seguridad (al actual se añadirían el Consejo de Seguridad Socioeconómica y el Consejo de Seguridad Medioambiental) que  permitieran el pleno desempeño de las funciones que, especialmente cuando la gobernanza global así lo exige, requieren disponer de estructuras internacionales adecuadas. Como reza la Carta de las Naciones Unidas, en el menor tiempo posible deben ser "los pueblos" — y no sólo los Estados — los que tengan representación en la Asamblea General, de tal modo que el progreso científico permita una vida digna para todos los habitantes de la Tierra, mediante una economía que atienda las prioridades bien establecidas hace ya tiempo por el Sistema de las Naciones Unidas: alimentación (agricultura, acuicultura y biotecnología); acceso general al agua potable (recolección, gestión, desalinización...); servicios de salud de calidad; cuidado del medio ambiente (emisiones CO2, energías renovables, etc.); educación y paz. Una educación que proporcione a todos conciencia global. Es un aspecto crucial: el prójimo puede ser próximo o distante. Y el cuidado del entorno no debe limitarse a lo más cercano sino que debe extenderse, porque el destino es común, a todo el planeta."  

     "Es imprescindible volver a situar los valores –¡no los bursátiles!- en el centro de nuestra vida cotidiana, y encarar adecuadamente los desafíos que, juntos, podemos superar. La solución está en medidas políticas, porque los políticos, en democracias genuinas, tienen que reflejar la voluntad del pueblo.  

     No es posible que, cuando se habla de seguridad, se siga pensando que la fuerza militar es la única expresión y referencia de "seguridad". Es un gravísimo error, costosísimo error que, por lo general, cuesta y causa mucho dolor en pérdidas humanas y materiales. Pensar así, es tener una visión sesgada y seguir deteniéndose exclusivamente en los aspectos bélicos y dejando totalmente relegados otros muchos aspectos de la seguridad "humana", que es, en cualquier caso, lo que realmente debe importar.  

     La diferencia entre los medios dedicados a potenciales enfrentamientos y los disponibles para hacer frente a recurrentes catástrofes naturales (incendios, inundaciones, terremotos, tsunamis,...) evidencia que el concepto de "seguridad"
(http://federicomayor.blogspot.com/2016/08/urgente-un-nuevo-concepto-de-seguridad_29.html) que siguen promoviendo los grandes productores de armamento es anacrónico pero, sobre todo, está poniendo en grave riesgo a la humanidad en su conjunto y demanda un "contrato de seguridad".  

     Efectivamente, hay miles de seres humanos que mueren de hambre cada día, que viven en condiciones de extrema pobreza sin acceso a los servicios de salud adecuados... sin reaccionar ante esa cruda realidad y el deterioro progresivo de las condiciones de habitabilidad de la Tierra. 

      Debemos, pues, actuar sin dilación porque se está llegando a puntos de no retorno en cuestiones esenciales del legado intergeneracional.  

       Tomemos conciencia de lo que nos pide Mayor Zaragoza, desde hace tiempo:  

“Alcemos la voz...  Ahora, por primera vez en la historia, "Nosotros, los pueblos", ya hombre y mujer, podemos expresarnos libremente. Ahora ya podemos concertar hora y día  para que desde millones de móviles rechacemos las decisiones intolerables de líderes que anuncian que no van a seguir los Acuerdos sobre Cambio Climático y sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, poniendo en riesgo la calidad de vida de los habitantes de la Tierra. 

     Ha llegado el momento de la ciudadanía mundial, de la convivencia sin fronteras, de compartir bienes, conocimientos, experiencia e intrepidez... para hacer frente a  los anclados en la inercia, en insistir en aplicar viejos remedios para nuevas patologías. Los líderes actuales dan muestra de un cortoplacismo irresponsable. Todo buen gobernante debe tener en cuenta, en primer lugar, los procesos que pueden conducir a daños irreparables. Millones de mujeres y hombres de toda la Tierra deben gritar que no van a consentir que se  lesione de manera  irreversible  el entorno ecológico. 

     La palabra com-partir — que era clave del Sistema de las Naciones Unidas en los años 50 y 60 — se ha ido acallando progresivamente y, en lugar de fortalecer a los países más necesitados con un desarrollo integral, endógeno, sostenible y humano, las ayudas al desarrollo se han reducido hasta límites insolentes y el Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo "perdió" su apellido y se ha convertido en una herramienta al servicio de las grandes entidades financieras; y se ha debilitado al Estado-nación, transfiriendo progresivamente recursos y poder a gigantescas estructuras multinacionales. 

     No podemos seguir callados. No podemos seguir siendo impasibles espectadores de lo que acontece, porque nos convertiríamos en cómplices. Las comunidades científica, académica, docente, artística, intelectual y creativa, en suma, debe situarse en la vanguardia de la movilización popular (https://aeac.science/pacto2019/ ).”  

     Realmente hemos entrado en una nueva era  en la que los seres humanos ya no vivirán confinados territorial e intelectualmente; en que la longevidad procurará una formidable experiencia que debe ser plenamente utilizada, pero depositando en personas menos añosas las funciones ejecutivas; en que los jóvenes, conocedores de la Tierra, con conciencia y ciudadanía global, contribuirán con su imaginación y su impulso a hacer realidad, por fin, el otro mundo posible que anhelamos. La inercia es el gran enemigo. Es tiempo de acción.  

      La actual situación hace más necesaria que nunca la adopción de una Declaración Universal de la Democracia (ética, social, política, económica, cultural e internacional - https://declaraciondemocracia.wordpress.com/).
"En resumen, 20 años después, con la experiencia y conciencias adquiridas, en las reflexiones durante el confinamiento por el coronavirus, está claro que la gobernanza debe ser multilateral y que corresponde a "Nosotros, los pueblos" participar activamente en el "nuevo comienzo" como proclama "La Carta de la Tierra", excelente hoja de ruta para los tiempos que se avecinan... Hay motivos de esperanza: las voces de la mujer y de la juventud, presenciales y en el ciberespacio, propiciarán los cambios esenciales y apremiantes que son exigibles.  

     En el otoño de 2015, después de unos años de lúcidos cambios y el adecuado enfoque de muchos temas internacionales (islam, ecología, mediación...), el Presidente Obama, un afrodescendiente, logró una gran pausa de esperanza al suscribir los Acuerdos de París sobre Cambio Climático  y la Resolución adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se titula "Para transformar el mundo", pensando en nuestros descendientes... Después de 4 años y medio de inacción por la irresponsable actuación de su sucesor, el Presidente Donald Trump, los horizontes actualmente ensombrecidos todavía más por el COVId-19, requieren un apremiante esclarecimiento. Las palabras iniciales de "La Carta de la Tierra" cobran todo su sentido: "Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro...". 

     "Digamos alto y fuerte a todos los que ahora son responsables de la puesta en práctica de las decisiones que trascienden las fronteras: es inaplazable una nueva cosmovisión con nuevos estilos de vida. El gran desafío a la vez personal y colectivo es cambiar de modelo de vida. El mundo entra en una nueva era. Tenemos muchas cosas que conservar para el futuro y muchas otras cosas que cambiar decididamente. Por fin, los pueblos. Por fin, la voz de la gente. Por fin, el poder ciudadano. Por fin, la palabra y no la fuerza. Una cultura de paz y no violencia y nunca más una cultura de guerra."  

         El propio Fernando Jáuregui nos invita en su “Epilogo” a atenernos a lo sustancial, lo de siempre: ser transmisores de hechos, recogiendo las opiniones de los especialistas más solventes.