
Praxis En Red

La catástrofe natural de Lorca (en la provincia de Murcia), en un lugar de fallas geológicas donde los terremotos producen efectos especialmente dañinos, ha suscitado un grado de unidad y solidaridad aleccionador, a la vez que ha producido reconversiones importantes y ha marcado prioridades.
Podría decirse que el final de la segunda guerra mundial capacita para decir "nunca más". La Sociedad de Naciones (SDN), organismo encargado de mantener la paz, existía antes de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Pero no fué capaz de evitar la guerra. Ahora existe la ONU pero no es capaz de evitar las guerras ni la carrera de armamentos. ¿Para qué nos capacita la historia reciente tan contradictoria? ¿Para el terrorismo? ¿Para declarar guerras preventivas? ¿Para matar? ¿Para destruir? ¿Para las revueltas? ¿Para la "deconstrucción" y la construcción?
La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Aquel año fue asesinado Gandhi. La Declaración contó con 48 votos a favor, ninguno en contra y ocho abstenciones (el bloque soviético, África del Sur y Arabia Saudí). Conviene refrescar la memoria.
Los tiranicidios o la eliminación de líderes terroristas pueden tener su fundamentación en el "no matarás", es decir, en la vida de la mayor parte de la población. Pero lo que importa realmente es la defensa de la vida de esa inmensa mayor parte de la población que, hoy por hoy, ni siquiera alcanza un grado de vida digna. Y eso postula, desde mi punto de vista, la refundación de Naciones Unidas, incapaz hasta ahora de cumplir con sus objetivos. Pero eso exige, además, garantizar los derechos humanos de toda persona sin distinción alguna.
¿Qué nos está pasando en Costa de Marfil? Que por lucha de intereses e intereses ajenos predomina el institnto de destrucción que impide la convivencia en paz y el desarrollo de nuestras tendencias creativas, constructivas y de fraternidad.
Cuando para formar profesionales y mediadores, ante el fenómeno de la inmigración, hablamos de Mediación Intercultural frente a la tesis del Choque de Civilizaciones, suelo distinguir cuatro clases de mediación (en las cuales siempre debe tenerse en cuenta lo personal, lo interpersonal, lo social y lo político):
"Detener la acción mortífera de Gadafi sobre la población disidente, sí. Ha sido autorizada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero, simultáneamente, hay que hacer lo que se hubiera tenido que hacer mucho antes: hablar. Hablar bajo las alas de las Naciones Unidas. Ha habido propuestas de mediación: Venezuela, Rusia, Brasil… los BRIC…
Las Naciones Unidas, que han autorizado la acción bélica, deberían forzar ahora la mediación. Es imprescindible. Es su papel principal.
Por cierto, comparar una acción bélica como la actual, limitada exclusivamente a detener una acción represiva e intolerable, con la invasión de Irak, basada en la mentira y en ambiciones energéticas y geoestratégicas, es, sencillamente, inmoral. Quienes la provocaron sabiendo que no existían los arsenales de destrucción masiva, tienen una cuenta pendiente muy grave con la historia".
Leído el texto de Mayor Zaragoza, me parece lógico puntualizar algún aspecto:
1) Las propuestas de mediación bienvenidas sean vengan de donde vengan, pero hay que tener presente que un Estado, a menos que sea neutral, no tiene entidad mediadora.
2) Naciones Unidas debe garantizar que las actuaciones sean conforme a Derecho y no por el impulso de la fuerza como son las actuaciones de Dictadores y Tiranos. Desde esa exigencia, común a la mejor tradición de la Civilización Islámica y a la mejor tradición de la Civilización Occidental, puede y debe ser viable la mediación intercultural.
3)Por supuesto los G8, los G20, y los paripés del G21, deben de desaparecer si de verdad se quiere fortalecer y refundar Naciones Unidas.
4) El "no mentirás" y el "no matarás" (junto con el "no robarás" -pilares comunes a culturas y religiones y civilizaciones que se dicen enfrentadas-), deben de ser condición sine qua non en la construcción de la Comunidad Humana.
Amigos de una especial sensibilidad interior, me han hecho llegar una carta que, en medio del "maremagnum" que tenemos en el mare nostrum, obliga a centrar la mirada hacia la isla de Japón que la Naturaleza ha movido bruscamente, desatando todas las alarmas:
De nuevo la necesidad humana postula la exigencia de un Gobierno Mundial que mire con rectitud y racionalidad por los intereses de todos los habitantes del Planeta Tierra, por el Bien, por el Bien Común, y por el bienestar y los Intereses Generales del conjunto de mujeres y hombres.
Hoy, ante los acontecimientos que se están viviendo en el Norte de África, en la otra orilla del "Mare Nostrum", y más concretamente en Libia, nos dice Federico Mayor Zaragoza:
Dejemos de entretenernos con fechas electorales inexorables, acompañadas de maniobras, promesas y ocultaciones intolerables, y proclamemos claramente que si no hay transparencia y cambios reales nos movilizaremos como en Túnez, Egipto... porque nos llena de indignación que sólo se embarguen los bienes "de los derrocados"... al tiempo que todo sigue igual: el acoso de los mercados (¿y los planes de acción social?), el precio del petróleo al alza (¿y el cambio climático?), la economía sumergida, la evasión de responsabilidades civiles (¿cuántos españoles tienen, como los "tiranos", depósitos en los paraísos fiscales?).Hoy, uniendo a Sócrates y Jesús, no puede haber justicia si los pobres no pasan a ser los primeros en la reconstrucción de la Comunidad Humana. Es urgente reescribir la historia desde las víctimas de nuestros sistemas de esclavitud, alienación y dominio.
Pero, desde el punto de vista positivista es también fundamental que avance la idea revolucionaria que subyace en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: la obligación jurídica de los Estados de respetar la dignidad y los derechos de las personas.