Un antiguo compañero, Carlos Escudero, profesor de exégesis bíblica allá por los años de 1970, ha publicado un libro sin tapujos. En 2003 le dí algunos empujones para que publicara Jesús y el Poder Religioso. Valió la pena. Ahora no ha hecho falta empujón ninguno. Y, como me alegro, me ha parecido interesante publicar esta entrevista con él, dialogando y actualizando lo divino en lo humano
J.M. De entrada, el título del libro, El Evangelio es profano, parece un desafío o una provocación hacia quienes afirman que El Evangelio es sagrado.
C.E.Sí, el título llama la atención y es provocativo, pero responde a la realidad del Evangelio. La misma portada del libro, el cuadro del Buen Samaritano de Vincent Van Gogh, así lo indica. Esta parábola esta considerada como una de las perlas del evangelio de Lucas, y se desarrolla totalmente en el ámbito de lo profano, de la vida normal de la gente, al margen de lo sagrado que en ella queda malparado.
J.M. Pero el Evangelio es muy amplio, y el mundo de lo sagrado es propio de las diversas religiones y está arraigado en la mente y en la vida normal de la gente.
C.E. Es cierto lo que dices, pero el libro hace un estudio, bastante completo y profundo, de los pasajes y episodios más relevantes de los evangelios y llega a la conclusión de que el Evangelio no es una religión más, sino un estilo nuevo de vida. Jesús va rompiendo, uno tras otro, con los valores sagrados y tradicionales del Israel de su tiempo, porque discriminaban y marginaban al ser humano. Por eso Jesús, desde el comienzo de su misión, se fue enfrentando a los jefes religiosos y civiles del pueblo; este enfrentamiento, debido a que él oponía los valores del reinado de Dios a los valores vigentes de la sociedad judía, fue “in crescendo”, y terminó con su ejecución en la cruz, por ser una persona subversiva, es decir, subvertía los valores tradicionales de Israel por discriminatorios e injustos.
J.M. Y esos valores, defendidos por Jesús, ¿pertenecen al ámbito de lo profano?

J.M. En lo que acabas de decir, estás mezclando lo divino con lo humano; ¿no estás mezclando también lo sagrado y lo profano, provocando a todo fundamentalismo religioso?
C.E. Desde el comienzo del libro trato de explicar que en el Evangelio se encuentra lo divino, que es lo trascendente, lo que proviene de la esfera de Dios, como son las manifestaciones divinas o teofanías: todo eso es gratuito; lo sagrado, por el contrario, no se encuentra en esa verticalidad. Lo sagrado es horizontal, proviene de los hombres; el ser humano está abrumado por el tema del pecado, que la Iglesia jerárquica nos ha metido hasta en la médula; hay que aplacar a los dioses, nunca se sabe cómo reaccionan: así surgieron los lugares y los ministros sagrados, que con plegarias y sacrificios expiatorios intentaban ser mediadores entre esos dioses y el ser humano. El poder sagrado se fue imponiendo a todo tipo de poder, y ha cometido en todos los tiempos injusticias y atropellos sin nombre.
J.M. Entonces... ¿No les dio Jesús a los Doce y a sus sucesores ese poder sagrado que se atribuye la jerarquía?
C.E. Jesús no les puede haber transferido ese poder que él rechazó como tentación. La Iglesia jerárquica, instalada en estructuras de poder y dominio sobre los seres humanos, está incapacitada para entender y transmitir el mensaje fundamental de Jesús.
J.M. Lo religioso, por perdurar, se hace normalmente tradición, norma o ley.¿Crees que puede ser un obstáculo para la libertad compartida en el amor, tanto en el Judaísmo, el Islam o el Cristianismo?

J.M. ¿Por qué el enfrentamiento y la guerra constante de religiones? ¿No ha sido una verdadera lacra en la historia de la humanidad?
C.E. Ya he dicho que las religiones detentan el poder sagrado, que compendia todo tipo de poder. Cada religión cree que su Dios es el único verdadero, y que fuera de ella no hay salvación para los demás seres humanos. Se otorga a sí misma el derecho a imponer por la fuerza sus principios, sus normas y sus credos. Esto lo ha realizado también la jerarquía católica: hacia sus propios fieles, ha creado la Santa Inquisición, que cometió todo tipo de atropellos en nombre del Evangelio; hacia fuera, por poner un ejemplo conocido, predicóy promovió las cruzadas, que promovieron el odio entre gentes de religiones y cultura diferentes, y consolidaron los mercados entre Oriente y Occidente. En esta época y en siglos posteriores, la jerarquía blandió el arma de la excomunión para controlar y someter a los monarcas y príncipes más rebeldes. El Evangelio no tiene nada que ver con todo esto. Baste con decir que el Evangelio es un don que Dios nos ofrece; no nos lo impone.
Concluyo:
Volvemos, pues, a lo esencial del dicho humanista: magis ratio quam vis, o dicho de otro modo, "más cultura y menos fuerza", "más valores y actitudes que normas e imposiciones".